La presente monografía explora cómo el juego funciona como eje metodológico en
la educación inicial, partiendo de su consideración no solo como fuente de diversión,
sino como un espacio de aprendizaje y desarrollo integral. A través de un recorrido
teórico que incluye las aportaciones de Piaget, Vygotsky, Moyles y otros, se muestra
cómo las distintas etapas del juego (sensorio-motor, simbólico, reglado y de roles)
favorecen habilidades cognitivas, motrices y socioemocionales. Se profundiza en la
estrategia didáctica “juego-trabajo”, señalando sus características (resolución de
problemas, planificación de proyectos, trabajo colaborativo y fomento de la
autonomía) y el papel activo del docente en la mediación de estas experiencias.
Además, se presentan evidencias empíricas que confirman correlaciones
significativas entre dimensiones del juego (uso, funciones y juego simbólico) y el
aprendizaje significativo en niños de cinco años, ilustrando cómo las prácticas
lúdicas pueden transformar el ambiente de aula y potenciar la creatividad, la
autoestima y la disposición al aprendizaje