Los niños aprendieron a hacer preguntas y a descubrir
verdades sobre sí mismos y el mundo desde la más temprana edad mientras
investigaban su entorno, recopilando datos. De esta manera, comienzan a
construir conocimiento integrando sus experiencias previas y su necesidad de
comprender mejor los objetos, organismos y eventos en el mundo que les rodea. La
investigación científica en el contexto educativo es crucial, ya que los niños
y niñas son naturalmente curiosos cuando se enfrentan a diversas preguntas o
problemas, lo que los motiva a buscar respuestas. Esta es una forma de
aprendizaje activo, donde se aprende haciendo. Si los niños quieren saber por
qué suceden las cosas y cómo funcionan, entonces esto proporciona un estímulo
para alentarlos a reflexionar, imaginar y registrar algunas ideas iniciales
(Rutas de aprendizaje, p. 22). A medida que los niños y niñas maduran,
persisten en el desarrollo de sus habilidades de exploración a través de su
propia manipulación del entorno. Gradualmente, a medida que las cosas que hacen
se vuelven más complejas, logran notar características y compararlas entre
ellas y establecer conexiones entre ellas. Tales habilidades surgen
principalmente a través de la acción primero, pero luego también gradualmente a
través de la contemplación de objetos y cosas naturales. El estudio ofrece una
visión optimista sobre el desarrollo temprano de habilidades de investigación.
Esto ocurre a través de la motivación para observar acontecimientos cotidianos
que despiertan su interés y así iniciar a crear preguntas y ganar experiencia
en términos de hipótesis. Después, deben probarlas mediante la experimentación
y los resultados obtenidos. De esta manera, tanto los niños como las niñas
producirán nuevos conocimientos que les permitirán resolver sus inquietudes y
desarrollar conclusiones grupales, las cuales compartirán con otros compañeros
de clase (MINEDU, 2021).
Palabras claves: Indagación,
curiosidad, interés.